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Se reduce el agujero de la capa de ozono

Los científicos llevan estudiando desde hace décadas el fenómeno del agujero de la capa de ozono, situado exactamente encima de la Antártida. Dicho agujero fluctúa según pautas estacionales, alcanzando su circunferencia máxima a finales de septiembre del 2009, con más de 2,3 millones de kilómetros cuadrados, lo que sería, para que nos hagamos una idea, el tamaño de toda la América del Norte.

Desde ese momento el agujero más peligroso de la historia de la humanidad está disminuyendo de tamaño. Esto es posible gracias a los esfuerzos y a las acciones a nivel internacional que comenzaron hace más de 20 años, con el Protocolo de Montreal. Los científicos consiguieron demostrar a todo el planeta la gravedad de la situación mientras daban esperanzas para nuestra salvación.

Dicha salvación pasaba por la reducción drástica del empleo de los clorofluorocarbonos, más conocidos como los CFC. Esta sustancia se descompone en la alta atmósfera por el calor de los rayos del sol, liberando átomos de cloro altamente reactivos. La consecuencia es una perturbación del ciclo natural que hace que los rayos dañinos se acerquen a la superficie de la Tierra.

La capa de ozono es fundamental para la continuidad de gran parte de la vida en nuestro planeta, gracias a su efecto protector que impide la entrada de los rayos UV de radiación C. Por ello, y como consecuencia de todos los esfuerzos realizados diariamente para disminuir el uso de los CFC, parece ser que la tendencia seguirá siendo positiva.

Imagen: educacionambientalcojedes.com

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